Desde estaciones de metro a minas de sal, a veces para encontrar la belleza hay que cavar muy hondo

Minas de sal de Wieliczka (Cracovia, Polonia)

Estas minas son obra de la naturaleza, que las horadó hace unos 15 millones de años llegando hasta los 325 metros de profundidad.

En total más de 300 kilómetros de galerías, lagos subterráneos y una veintena de enormes cámaras, donde sí que ha intervenido algún que otro diseñador de interiores.

Estación de metro Toledo (Nápoles, Italia)

Toledo se inauguró en 2012 en lo que se conoce como los Barrios Italianos, la zona más popular de la urbe.

Si uno llega por el acceso de Montecalvario, descubre un cráter que conecta con el vestíbulo. La luz del sol que entra por una claraboya ilumina un mosaico azul y ondulado, obra del catalán Oscar Tusquets Blanca, que nos recuerda que, cuando se iniciaron aquí las excavaciones, se toparon con el mar.

Por otra entrada, descubrimos un inmenso panel de cerámica del artista transvanguardista Francesco Clemente, titulado Engiadina, y después El vuelo, del matrimonio de artistas conceptuales rusos Ilya y Emilia Kabakov.

Ciudad subterránea de Kariz (Irán)

Se construyó hace 2.500 años bajo lo que es hoy la ciudad de Kish, en la isla iraní del mismo nombre.

Algunos expertos consideran que este inmenso entramado de túneles a unos 15 metros bajo tierra era en su origen un inmenso acueducto que canalizaba el agua subterránea hasta las aldeas y pueblos cercanos, parece que con el paso de los siglos pasó a estar habitado.

El área alcanza en total los 10.000 metros cuadrados y los muros parecen cubiertos de conchas y corales que, sorprendentemente, los expertos han datado en más de 300 millones de años.

Escalera mecánicas del túnel de Santa Ana (Amberes, Bélgica)

Están tal y como se construyeron a principios de los años treinta del siglo pasado. Las escaleras mecánicas que dan acceso al túnel de Santa Ana, que une las dos orillas de Amberes bajo el río Escalda, están consideradas las más antiguas de Europa.

De estilo art déco, como los dos accesos a la superficie, están fabricadas en madera y en su momento supusieron toda una novedad en el campo de la ingeniería. Las escaleras conducen 31 metros bajo el lecho del río, donde se encuentra un túnel peatonal alicatado de 570 metros de largo y 4,5 de ancho (lo que permite además circular en bicicleta en ambos sentidos) que aún conserva la señalización original.

También se pueden tomar los enormes ascensores con capacidad para 40 personas, y también de la época, pero no es lo mismo.

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