ROBOTS E INTERNETTECNOLOGÍA

¿Estamos listos para convivir con inteligencias más sofisticadas que la nuestra?

China será el país que más crecimiento tendrá en materia de IA, con siete billones de dólares para 2030.

Actualmente la versión de IA de Facebook no sólo permite reconocer fotos dentro de la plataforma, sino que puede detectar con gran exactitud las intenciones que tiene un usuario de cometer suicidio a través de lo que escribe o comenta en la red.

La idea de crear máquinas que no sólo piensen mejor, sino más rápido que nosotros puede ser escalofriante al grado de desafiar nuestra posición como seres dominantes del mundo, pero ¿en realidad existe tal riesgo?

Actualmente, el término de inteligencia artificial se utiliza para designar de forma general a procesos que incluso superan el concepto inicial de esta ciencia. En realidad, las computadoras que ahora desarrollan IA están en procesos conocidos como aprendizaje de máquina y conocimiento profundo. En este último se crean múltiples redes neuronales artificiales que permiten a la máquina “pensar” hasta encontrar soluciones creativas y no planificadas en un principio.

En este punto podríamos pensar que la máquina es “humana” o que tiene consciencia de lo que hace, pero en realidad no deja de ser un programa que sólo imita el pensamiento común, pero a velocidades muy superiores a las que podría lograr cualquier persona. Sin embargo, el verdadero dilema resalta en la parte del autoaprendizaje, y lo que estos programas podrían hacer una vez que sepan cómo programarse a sí mismos o bien comiencen a entender conceptos más profundos como el bien o el mal.

Conversaciones internas

Hace un par de años, el departamento de desarrollo de IA de Facebook se vio obligado a desconectar uno de sus proyectos más avanzados. Esto sucedió cuando, con la intención de mejorar los chatbots —programas que conversan de forma “natural” con los usuarios a través de mensajería instantánea— dejaron que dos de estas máquinas mantuvieran una conversación libre entre ellas. 

En un principio las respuestas eran congruentes, pero poco después comenzaron a ser inconexas y raras. Primero, se pensó que esto era un error, después se vio que se trataba de un nuevo lenguaje creado por los bots para comunicarse entre ellos con mayor rapidez y eficiencia.

Más allá de considerar este nuevo lenguaje como una buena señal, los investigadores decidieron apagar los programas porque si la IA comenzaba a comunicarse de esa forma, entonces perderían el control sobre ella

Un año antes, en 2016, Google tuvo una experiencia similar cuando la red neuronal artificial que programó para lograr una traducción más natural en sus aplicaciones, creó un idioma propio que le ayudaba a relacionar dos palabras de idiomas diferentes y que nunca había traducido con un concepto aprendido en inglés.

En defensa del futuro de las IA

El potencial de las distintas inteligencias artificiales para cambiar el mundo está ampliamente comprobado, desde su utilización para predecir brotes de dengue hasta la planeación de ciudades inteligentes que maximicen la utilización de recursos y la seguridad de sus habitantes. La utilidad de esta tecnología no puede cuestionarse, pero sí debe definirse un marco legal y ético de actuación para estos casos.

Esta cuestión no es sólo una visión a futuro, el caso de los automóviles autoconducidos ha abierto el debate legal sobre quién sería, en última instancia, el responsable por sus posibles acciones y decisiones. 

Con la implementación de inteligencias artificiales en cada vez más ambientes humanos, este tipo de situaciones aumentaran y representaran un reto para el desarrollo seguro de esta tecnología, especialmente con temas relacionados a la privacidad, la seguridad y los derechos humanos.

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