The Colour of the Street

Con frecuencia la genialidad nace en los lugares más inesperados: una casualidad que desencadena una serie de acontecimientos que, en retrospectiva, muchos no dudan en bautizar como destino; la obstinación de alguien por ir en contra de los consejos sensatos de personas cuerdas y abrazarse a la peor (o más incierta) elección; o simplemente un momento de claridad fulgurante que muestra un camino hasta entonces escondido, desenterrando un talento oculto y cambiando la vida de alguien para siempre… La historia de Joel Meyerowitz es una de esas improbabilidades, un talento que contribuyó a cambiar la historia de la fotografía pese a que descubrió su vocación casi por casualidad.

Brilliance usually originates from the most unexpected places: a coincidence that triggers a series of events, which in retrospect, many people don’t hesitate to call ‘fate’; the determination of someone by disregarding the sensible advice from sane people and embracing the worst (or most uncertain) choice, or simply a moment of stunning clarity that shows the way which was unknown until then, and unearths a hidden talent to change the life of someone forever… The story of Joel Meyerowitz is one of those improbabilities, and a talent that contributed to changing the history of photography despite discovering his vocation almost by chance.

Meyerowitz, nacido en Nueva York en 1938, estudió pintura e ilustración médica en la Universidad Estatal de Ohio, donde se graduó en 1959. Poco después comenzó a trabajar en una agencia de publicidad, como director de arte. Y ahí, en 1962, surgió la oportunidad de asistir a una sesión del legendario fotógrafo Robert Frank para un folleto que estaba diseñando; este encuentro le marcó profundamente “La manera en que se acercaba y se alejaba de las modelos que estaba disparando, Dios mío, fue una revelación para mí. Podías moverte mientras usabas la cámara ¡Wow! Yo también quería hacer eso” cuenta, al recordar la experiencia.

Born in New York, 1938, Meyerowitz studied art and medical illustration at Ohio State University where he graduated in 1959. Shortly after, he started work as an art director at an advertising agency where the opportunity arose in 1962 to attend a session by the legendary photographer Robert Frank for a booklet that he was designing. This meeting had a big impact on Meyerowitz: “The way he weaved in and out of the girls he was shooting, my God, that was a revelation to me. You could move while working the camera. Wow! I wanted to do that, too,” he said while recalling the experience.

Tan convencido quedó de que la fotografía era su futuro que esa misma tarde volvió a la agencia y le comunicó a su jefe que renunciaba, e inspirado principalmente por el trabajo de Henri Cartier-Bresson, Robert Frank y Eugène Atget, Meyerowitz se lanzó a la calle, aferrado a su cámara. Uno de los primeros obstáculos que tuvo que superar fue su timidez, un problema que abordó con una ingeniosa estrategia: fotografiando a los espectadores de desfiles callejeros “Nadie piensa que hay algo extraño acerca de un fotógrafo en un desfile, así que eso me dio invisibilidad” ha contado al respecto.

Deeply convinced that photography was his future, he returned to the agency the same afternoon to let his boss know that he was resigning, and mainly inspired by the work of Henri Cartier-Bresso, Robert Frank and Eugène Atget, Meyerowitz took to the streets clinging to his camera. One of his first obstacles was to overcome his shyness, and he tackled this problem with the ingenious strategy of photographing bystanders at street parades, as he said: “Nobody thinks there’s anything odd about a photographer at a parade, so that gave me invisibility.”

Su pasión por las calles de Nueva York y su intensa actividad coincidió con la de otros colegas de profesión, como Tony Ray-Jones, Lee Friedlander, Tod Papageorge, Diane Arbus o Garry Winogrand, que también habían encontrado en la frenética actividad de la Gran Manzana a su musa. Junto a ellos, y especialmente junto a Winogrand, formaron una especie de movimiento no organizado que dio nueva vida a la fotografía callejera.

His passion for the streets of New York and his intense activity coincided with that of other colleagues in the profession like Tony Ray-Jones, Lee Friedlander, Tod Papageorge, Diane Arbus and Garry Winogrand, who also found their muse in the frenetic activity of the Big Apple. Together with them, and particularly along with Winogrand, they formed a kind of unintentional movement that gave new life to street photography.

“Vivíamos y respirábamos fotografía… …sentíamos que éramos parte de un movimiento que estaba haciendo la más interesante fotografía hasta el momento”, ha afirmado sobre esa etapa de su vida.

As Meyerowitz affirmed regarding this period of his life: “We were living and breathing photography… …we felt we were part of a movement that was making photography more interesting than it ever was before.”

Aunque al comienzo -por ortodoxia principalmente- comenzó disparando en blanco y negro, no tardó en comenzar a alternar esta práctica con el color, una decisión que iba contra los cánones de la fotografía artística que solo admitía el blanco y negro como válido relegando el color al ámbito comercial, algo que sin embargo no importó a Meyerowitz, quien prefirió seguir sus instintos “Nunca compré que solo el blanco y negro fuera estéticamente justificable: para mí el color es esencial; sentí instintivamente que lo necesitaba para darle fuerza a mi trabajo.

Although he started to shoot in black and white mainly due it being the orthodox format, he soon started to alternate this practice with the use of colour. This decision opposed the canons of artistic photography that only permitted black and white as a valid means, and pushed the colour format into the commercial field, which was something that Meyerowitz didn’t mind, as he preferred to follow his instincts, as he said: “I never bought that: for me colour is essential; I instinctively felt I needed it to give my work force.

Al igual que tenemos memorias olfativas, tenemos memorias de color. Quiero decir, el mundo es en color ¿no?” comenta al respecto. En 1972 adoptó definitivamente el color como medio único, cuatro años antes de que la exposición de un entonces relativamente desconocido William Eggleston en el MoMA, marcara la aceptación definitiva del color como una opción válida en la fotografía artística. Por esas fechas Meyerowitz comenzó a explorar el uso del Gran Formato, utilizando con frecuencia una cámara de 8×10, una decisión adoptada sobre todo por su deseo de ampliar su mirada para poder retratar paisajes rurales y de playa.

Just as we have smell memories, we have colour memories. I mean the world is in colour, right?” In 1972, he chose to use colour permanently as his only medium, and this was four years prior to an exhibition in the MoMA by the relatively unknown William Eggleston back then that would mark the definitive acceptance of colour as a valid option in artistic photography. It was around that time when Meyerowitz began to explore the use of the large format, often using an 8×10 camera, and this decision was mainly based on his desire to broaden his view to capture rural landscapes and beaches.

A pesar de que tiene a su haber más de 18 libros publicados, la obra por la que es más reconocido por el gran público es Aftermath: World Trade Center Archive, un volumen que reúne las fotografías que realizó en la zona cero del ataque terrorista a las Torres Gemelas de 2001 en los días posteriores al atentado.

Despite the photographer having published more than 18 books, the one which he is most recognised for by the public in general is Aftermath: World Trade Center Archive; a volume that compiles the photographs he took of the terrorist attack at ground zero of the Twin Towers in 2001 during the following days of the attack.

Meyerowitz fue el único fotógrafo autorizado a trabajar en el área, un privilegio que logró gracias a su amplia experiencia como fotógrafo callejero que le facilitó conseguir un pase de trabajador, lo que le sirvió para acceder y poder hablar con la policía que trabajaba en el lugar, quienes -sin el conocimiento de sus superiores o del alcalde Giuliani- le dieron una placa oficial de policía que le permitió moverse sin obstáculos y documentar desde cerca las consecuencias del horror.

Meyerowitz was the only photographer authorised to work in the area; a privilege that he achieved thanks to his vast experience as a street photographer that enabled him to obtain a worker’s pass, which gave him access to the area and talk to the police who were working there. The police gave him an official police badge without their higher-ranking officers or Mayor Giuliani knowing, so he could move around freely and closely document the consequences of the horror.

El resultado es un documento que no solo es parte de la historia de la fotografía, sino de la Historia con mayúsculas. Y todo porque a los 26 años Meyerowitz tomó la decisión, tan valiente como descabellada, de seguir un sueño que hasta entonces no sabía que tenía. La fotografía, y el arte en general, le tienen que agradecer la valentía.

This resulted in evidence that is not just part of the history of photography, but a part of real history, and all this was because Meyerowitz made such a brave and crazy decision at 26 years old to follow a dream that even he didn’t know he had until then. Photography, and art in general can be grateful for his bold decision.

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