PINTANDO CON FLORES

Viendo su trabajo resulta casi demasiado perfecto que Rebecca Louise Law sea hija de un jardinero y una artista, como si la vocación y el talento fuesen cosa de aritmética y no de los inexorables designios de esa casualidad que algunos llaman destino, don divino, o simplemente azar. Pero la realidad es esa, el padre de la artista inglesa era el director de jardinería de una Country House del National Trust (Fundación Nacional para los Lugares de Interés Histórico o de Belleza Natural), y como tal estaba especializado en el cultivo de flores a gran escala; y su madre, aunque de profesión profesora especializada en alumnos con necesidades especiales, siempre tuvo la pintura y la ilustración como pasiones.

Rebecca estudió Bellas Artes en la universidad de Newcastle, especializándose en pintura y grabados. Durante toda su formación el interés por explorar las posibilidades del color y el deseo de representar su amor por la naturaleza guiaron su trabajo, y aunque sus cuadros fueron haciéndose cada vez más grandes, llegó un momento en que comenzó a sentirse frustrada por las limitaciones que las dos dimensiones le imponían; y en la búsqueda de encontrar un medio que le permitiera crear una experiencia más inmersiva volvió a una constante de su infancia: las flores.

La infancia y juventud de Rebecca transcurrió en un pequeño pueblo cercano a Cambridge, y estuvo muy marcada por su cercanía con la naturaleza y los espacios abiertos, y por supuesto con las flores; de hecho, según su propio relato, hay un momento específico que sería determinante en su futura carrera. Toda su familia había ido -por sugerencia del padre- a visitar un extenso campo de margaritas, y ella con el humor típico de un adolescente se encontraba a disgusto hasta que, de repente, se dio cuenta del paisaje que la rodeaba “Me vi sentada ahí, entre todas esas flores a la altura de mi cabeza, y no podía ver a mi familia. Y pensé, dios mío, esto es asombroso. Sabía por mi padre que el campo solo estaría así por uno o dos días; sólo era tan poderoso en aquel preciso instante, y pensé ¿Cómo puedo recrear esto? ¿Cómo puedo compartirlo?” Como hemos comentado sus primeros intentos a través de la pintura pronto le quedaron cortos, y decidió utilizar su inspiración como material.

Cuando egresó de la universidad, sintió que necesitaba aprender más sobre el mundo de las flores, y buscó trabajo en el sector. Trabajó en varias floristerías, terminando por establecerse en McQueens, en Clerkenwell, donde se convirtió en diseñadora floral senior, un puesto que mantuvo durante cuatro años, hasta que decidió que era el momento de jugarse el todo por el todo y dedicarse por completo a desarrollar su arte. Aunque hasta ese momento había conseguido alternar su trabajo estable con la creación de proyectos artísticos florales, la decisión significó abandonar la seguridad financiera en pos de un sueño; una apuesta arriesgada pero que no tardó en dar sus frutos.

Al comienzo sus proyectos eran en espacios públicos y los realizaba con flores desechadas de floristerías que la conocían, pero pronto sus instalaciones se fueron haciendo más grandes y despertaron el interés de coleccionistas privados, galerías y empresas. En la actualidad Rebecca Louis Law equilibra sus trabajos para clientes privados como Hermés, Max Mara, Sotheby’s, Art Basel, Tiffany’s, Jo Malone, o Viacom, entre otros, con obras para entidades y espacios públicos y/o artísticos, como los realizados para la Royal Opera House, Royal Academy of Arts, Burlington Arcade, Royal Geographical Society o Westminster Abbey.

A la hora de crear sus instalaciones, Rebecca sigue enfrentándose a la misma pregunta que le surgió en su epifanía en el campo de margaritas ¿Cómo perpetuar y compartir la efímera belleza de las flores? En principio resulta lógico pensar que el arte de Louise Law sea necesariamente fugaz, dada la naturaleza perecedera de su medio. Sin embargo la artista ha decidido rebelarse contra esta noción, y ha dedicado una porción importante de su carrera a encontrar maneras de conservar las flores que componen su obra. Como consecuencia de esta obsesión, ha desarrollado técnicas de montaje que permiten que las flores se sequen y preserven de manera natural gracias a los aceites que contienen, convirtiendo su proceso de marchitez y secado en parte de la instalación, y permitiendo que las obras, en su forma final, puedan ser permanentes.

En el caso de que se trate de instalaciones temporales, las flores secas son recopiladas por la artista, quien las guarda en uno de sus estudios para volver a utilizarlas en nuevas instalaciones, o en alguna de sus obras “encajonadas”, arreglos con flores secas que monta dentro de vitrinas acristaladas, y que en muchas ocasiones remiten a las pinturas florales de la edad de oro holandesa. Una actitud que demuestra a la perfección la profunda devoción que la artista siente hacia las flores, y que la ha convertido en una de las artistas florales más interesantes del momento.

PAINTING WITH FLOWERS

Rebecca Louise Law’s father was the Master Gardener of a Country House that belonged to the National Trust (a national foundation for places of historic interest and natural beauty), and as such, he was specialised in the cultivation of flowers on a large scale. Although her mother was a teacher specialised in students with special needs, she always had her passions of painting and drawing. Rebecca studied Fine Arts at Newcastle University where she specialised in painting and engraving.

Her interest in exploring the possibilities of colour, and the desire to represent her love for nature guided her work during the whole of her training, and although her paintings became increasingly larger, she reached a point when she started to feel frustrated by being restricted to the limitations of two dimensions, and in the search to find a medium that would allow her to create a more immersive experience, she returned to something that was always around her during her infancy, which were flowers. In the beginning, she carried out her projects in public areas using flowers that were no longer wanted by florists she knew, but her installations soon became larger and stirred the interest of private collectors, galleries and companies.

At the present time, Rebecca Louis Law balances her works for private clients such as Hermés, Max Mara, Sotheby’s, Art Basel, Tiffany’s, Jo Malone and Viacom, among others with works for entities and public areas and/or artistic ones such as those carried out for the Royal Opera House, Royal Academy of Arts, Burlington Arcade, Geographical Society and Westminster Abbey. At first it seems logical to think that Rebecca Louise Law’s art is necessarily brief given the perishable nature of her medium. But the artist has decided to rebel against such notion, as she has dedicated an important part of her career to finding ways of preserving the flowers she uses in her work.

As a consequence of this obsession, she developed mounting techniques that allow the flowers to dry and are preserved in a natural way thanks to the oils they contain, which turns her withering and drying process into part of the installation, and allow the works in their final shape to be permanent. In the case of temporary installations, the dry flowers are gathered by the artist and kept in one of her studios so that they can be used again in new installations, or in one of her “boxed” projects with a dry flower arrangement mounted inside glazed glass cabinets. An attitude that perfectly shows the deep devotion that the artist feels for flowers, and has turned her into one of the most interesting floral artists of the present time.

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