A good idea for trying typical or well-known salads

Aunque en el imaginario de algunos la ensalada todavía sigue siendo poco más que un insípido acompañamiento del plato principal, la verdad es que hace tiempo que se ganó un lugar propio en la mesa.

Lejos de aquella prosaica combinación de lechuga, tomate, y cebolla, la ensalada como plato único ofrece una serie de beneficios y ventajas que la convierten en una comida o cena ideal para el verano (y todo el año): no suele necesitar de fuego o calor, algo que se agradece cuando el termómetro se empina sobre los 30 grados; permite combinar muchísimos sabores y texturas, asegurando variedad y que hasta el más quisquilloso encuentre una opción que le convenza; es un plato fresco, de digestión ligera, que ayuda a sobrellevar mejor las altas temperaturas estivales; y finalmente, es una excelente forma de comer las siete porciones de verduras (y frutas) que la OMS recomienda como base de una dieta saludable, y cuyo consumo tiene múltiples efectos beneficiosos sobre el organismo en general, además de ayudar a mantener la línea o bajar de peso si hiciera falta.

Aunque suene evidente, lo fundamental para convertir la ensalada en un plato capaz de protagonizar una comida es la combinación de ingredientes.

Es altamente recomendable incorporar al menos una fuente de proteínas -si somos vegetarianos ésta puede ser tofú, quesos, o algún tipo de proteína vegetal-, buscar el contraste entre texturas, blando/crujiente, seco/jugoso, y no excedernos en el número de elementos que incorporemos en nuestra preparación.

Una buena idea, para salirnos de lo más conocido o típico, es recurrir a alimentos relativamente nuevos en nuestra despensa, como la quinoa, que hace una excelente base de ensaladas, u otros granos integrales como el trigo sarraceno, el sorgo, el amaranto, o el mijo, todas ellas opciones que, además de aportar numerosos nutrientes, son aptos para celíacos e intolerantes al gluten, pues no contienen esta proteína.

Los granos y las legumbres combinan especialmente bien con tomates, aguacate, cebolla, col lombarda, pepino y todo tipo de quesos. Por ejemplo, una ensalada de quinoa, aguacate, cebolla, tomate, y pollo (pechuga de pollo con especies a la plancha por ejemplo), aliñada con aceite de oliva y sal, es un plato completo con un excelente perfil nutricional y que aporta una cantidad considerable de fibra.

Si queremos una opción más ligera, que tenga como base las hojas, también podemos ir más allá de la lechuga, ya sea mediante el uso de otras hojas conocidas como la espinaca, rúcula, o canónigos; aunque si tenemos la posibilidad resulta muy interesante probar a utilizar el kale (una especie de col silvestre de la que existen distintas variedades, siendo la más conocida en España la col rizada), uno de los llamados súper alimentos más de moda de los últimos años.

Aunque el término súper alimento no sea más que una etiqueta promocional, sí es verdad que esta hoja de sabor fuerte (si se consume cruda debe ser en su variedad tierna) tiene un perfil nutricional muy interesante, aportando una gran cantidad de vitaminas, minerales, y antioxidantes.

Sea cual sea la hoja que usemos es importante seguir un par de reglas básicas en su preparación.

La primera y fundamental, secar bien después del lavado

Si no tenemos un centrifugador podemos utilizar un paño de cocina o papel, pero es crucial eliminar la mayor cantidad de agua posible o tendremos una sopa en vez de ensalada.

La segunda es aliñar en el momento de servir

Si lo hacemos antes provocaremos que la hoja se reblandezca y pierda su textura crujiente.

La tercera es evitar mezclar estas ensaladas con elementos calientes o tibios, ya que también reblandecerán las hojas

A partir de ahí todo es combinar, mezclar distintas hojas como base (o utilizar solo un tipo), y combinarlas con elementos como tomates, aguacates (el aguacate le va bien a todo), cebolla, zanahoria, y/o frutas como la manzana, naranja, mandarinas, granada, o melocotón.

Para darle un contrapunto de sabor adicional es interesante experimentar con distintos quesos y frutos secos, y toppings interesantes como semillas de sésamo, amapola, chía, o de lino molidas o tostadas.

Otras opciones muy interesantes para quienes busquen darle un punto aún más diferente a sus ensaladas es probar a incorporar vegetales asados: calabaza, berenjena, pimientos, calabacín, e incluso boniato, funcionan a la perfección.

También producen un resultado más que interesante las conservas de pescado y mariscos y distintos escabeches de este tipo, que aportan un interesante toque de vinagre y acidez.

Si a esto añadimos las innumerables variedades de aliños, vinagretas, y salsas con que podemos aderezarlas, podríamos estar comiendo ensaladas todos los días del verano -y del año- sin aburrirnos.

Although it sounds obvious, it’s the combination of ingredients that is essential for turning a salad into a dish that is capable of being the main part of a lunch.

It is highly recommended to add at least one source of protein, (if you are a vegetarian, this could be tofu, cheese, or some kind of vegetable protein), for finding a contrast among textures like soft/crunchy, dry/juicy, and not get too carried away with the number of ingredients that you add while you are making it.

A good idea for trying something else from typical or well-known salads is to use foods such as quinoa, buckwheat, sorghum, amaranth, millet, or legumes, (the ones in jars are very handy) like chick peas, lentils, and beans, combining them with tomatoes, avocado, onion, red cabbage, cucumber and all kinds of cheeses.

If you want a lighter, leaf-based option, you can also add other varieties of leaves rather than just using lettuce, either by adding other well known ones such as spinach, rocket and corn salad, or experiment a little and try using kale (a kind of wild cabbage which has different varieties, of which kale is the most well-known in Spain), and combine them with ingredients like tomatoes, avocados (which mix well with everything), onions, carrots and/or fruit like apples, oranges, mandarins, pomegranates, or peaches.

To give the salad a counterpoint of additional flavour, it is interesting to experiment with different cheeses, dried fruit and nuts, and interesting toppings like sesame seeds, poppy seeds, chia or ground/toasted flax seeds. Other very interesting options for those who want to give an even more different touch to their salads is to try adding roasted vegetables: pumpkin, aubergine, peppers, courgette, and even sweet potato work to perfection.

Tinned fish, shellfish and different pickling brines of this kind that provide an interesting touch of vinegar and acidity, also produce a very interesting result. If you add countless varieties of dressings, vinaigrettes, and sauces with which you can dress your salads, you could be eating them every day during the summer, and throughout the year, without getting bored of them.

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