ARTFOTOGRAFÍA

Slim Aarons

el cronista del glamour pretérito

Las fotografías de Slim Aarons (29 octubre 1916 – 30 mayo 2006) describen un mundo distante, tanto en el tiempo como en la experiencia. Sus retratos de la aristocracia y de la jet set, de mediados del pasado siglo, conforman un relato que habla del glamour disuelto en la masificación de la cultura popular y el culto a las celebridades instantáneas; y a la vez nos recuerda la inaccesibilidad de esa existencia para la mayor parte de los mortales; sus inmaculados retratos de tono exquisito enfatizan lo inalcanzable que resulta esa vida para el ser humano común, dotándolos de un aura casi onírica.

The photographs by Slim Aarons (29th October, 1916 – 30th May, 2006) portray a distant world both regarding time and experience. His photographs of the aristocracy and the jet set during the middle of last century comprise an account that speaks of a mixed glamour in the widespread increase of pop culture, the cult of instant celebrities, and simultaneously reminds us of the inaccessibility of that life for most of us mortals. His immaculate portraits in a refined tone emphasise how unreachable that life is for common people, and gives them an almost dreamlike aura.

 

George Allen Aarons nació en una granja en New Hampshire y creció al cuidado de sus abuelos. Como muchos jóvenes de su entorno, no tardó en desarrollar un ferviente deseo de viajar y conocer el mundo que veía a través de películas y revistas. Su abuela, buscando centrar un poco al inquieto Aaron, le regaló su primera cámara fotográfica, y le animó a que practicara la fotografía. Fue amor a primera vista, y el adolescente rápidamente se convirtió en un avezado fotógrafo amateur. Esta habilidad le vino muy bien cuando decidió alistarse en el ejército -EEUU estaba inmersa en plena II guerra mundial-, donde consiguió convencer a sus superiores de que le dieran un puesto de ‘hypo dipper’, el encargado de sumergir las fotos en el químico de revelado, ‘el puesto más bajo de la fotografía’ según sus propias palabras.

George Allen Aarons was born on a farm in New Hampshire and was raised in the care of his grandparents. Like many youngsters around him, he didn’t take long in developing a burning desire to travel and discover the world he used to see in films and magazines. His grandmother gave him his first camera as a gift as a way to help the unsettled Aaron to find some stability, and encouraged him to practice photography. It was love at first sight and the adolescent rapidly turned into an experienced amateur photographer. This skill came in very handy at the time of enrolling in the US army when the country was in the middle of World War II, as it was there where he managed to convince his superiors of taking the position of ‘hypo dipper’, who was the person responsible for submerging the photos in the film developing chemicals, which in Aaron’s own words was ‘the lowest level in photography’.

 

Sin embargo esta situación no duraría mucho, ya que gracias a su labia y descaro pronto consiguió ascender al puesto de fotoperiodista para el periódico militar ‘The Stars and Stripes’, dirigido por Frank Capra. Bajo ese trabajo documentó de cerca varios combates, llegando incluso a ser herido en la cabeza durante la invasión de Anzio, acción por la que recibió un Corazón Púrpura, una de las máximas distinciones del ejército estadounidense.

This situation wouldn’t last long, however, as thanks to his gift of the gab and his impertinence, he soon managed to rise to the position of photojournalist for the military newspaper called ‘The Stars and Stripes’, directed by Frank Capra. In this job, Aarons documented several fights up close, and even took a head injury during the invasion of Anzio for which he was awarded the Purple Heart, being one of the maximum distinctions in the American army.

 

No obstante, la guerra no despertó en Aarons la sed de aventura que motivó la carrera de otros fotógrafos, sino más bien todo lo contrario. Slim decidió que había visto suficiente horror, y que ahora quería buscar la belleza y la ‘buena vida’. Y con este fin, ya de vuelta en EEUU, comenzó a trabajar para diversos periódicos y revistas fotografiando socialités y famosos. Esta orientación profesional, junto a sus magistrales dotes persuasorias, pronto le consiguieron un puesto en la delegación que la revista Life acababa de abrir en Roma, donde siguió perfeccionando sus retratos de ese mundo de glamour y lujo que se convertiría en su sello inconfundible. De hecho cuando Life le pidió que cubriera la guerra de Corea respondió que ‘Solo haré fotos en una playa si hay una rubia en ella’.

Only take photos on a beach if there was a blonde on it

But the war didn’t arouse Aaron’s desire for adventure which motivated the career of other photographers, and this had more of an adverse effect on him. Slim decided that he had seen enough horror, so he then set out to look for beauty and ‘the good life’. And with this aim back in the USA, he started to work for different newspapers and magazines photographing socialites and famous people. This professional orientation, along with his ingenious persuasive qualities, soon managed to acquire him a position in the delegation that the magazine ‘Life’ had just opened in Rome, where he kept perfecting his portraits of that world of glamour and luxury that was going to turn into his unmistakable hallmark. In fact, when ‘Life’ asked him to cover the Korean War, he answered by saying that ‘he would only take photos on a beach if there was a blonde on it’.

 

Además de Life, otra publicación fundamental en la carrera de Slim Aarons fue Holiday, revista que bajo la dirección de Frank Zachary vivió un radical rediseño visual del cual Aarons fue parte fundamental, y que la convirtió en uno de los referentes de la crónica social de la época. Bajo la batuta de Zachary, Aarons desarrolló más en profundidad lo que el primero bautizó como ‘fotografía ambiental’, una forma de retratar a los sujetos que huía de los planos cerrados típicos de los glamour shots, favoreciendo en su lugar los encuadres amplios que permitían descubrir a los retratados en su entorno, rodeados de los ambientes y objetos en los que vivían y con los que interactuaban a diario.

Besides ‘Life’, another publication that was essential in the career of Slim Aarons was ‘Holiday’, a magazine which, directed by Frank Zachary, underwent a radical visual design of which Aarons played an essential role, and turned him into one of the benchmarks during the period for human-interest articles. Under Zachary’s command, Aarons further developed what he first named as ‘ambient photography’: a way of photographing the subjects that avoided the typical close ups of glamour shots, favouring wider frames instead that used to allow the subjects to be discovered in their environment, surrounded by the atmospheres and objects in which they lived and used to interact with everyday.

 

 

Slim se apropió de este enfoque, convirtiéndolo en su sello de identidad, adaptándolo a su paleta cromática suave y composiciones armoniosas y simétricas. Además de Life y Holiday, el trabajo de Aarons apareció con frecuencia en Harper’s Bazaar o Town & Country, entre otras publicaciones. El lenguaje visual desarrollado por Slim Aaron está íntimamente ligado al personaje. Su personalidad arrolladora, destreza verbal, y encanto natural, fue casi tan importante como su técnica, manejo de la composición, y sentido del encuadre.

Slim dominated this approach, turned it into his hallmark, and adapted it to the soft palette of colours in his symmetrical and balanced compositions. Besides ‘Life’ and ‘Holiday’, Aaron’s work often appeared in ‘Harper’s Bazaar’ and ‘Town & Country’, among other publications. The visual language developed by Slim Aaron is intimately linked to each celebrity. His overwhelming personality, verbal skill and natural charm were almost as important as his technique, management of the composition and sense of the frame.


 

Fue capaz de poner delante de su lente tanto a los rostros más importantes del Hollywood de su época, como a la elite social estadounidense o la aristocracia europea, gracias a que logró convertirse en uno más de ellos; su fotografía y su labia, que no su fortuna o abolengo, le permitió pasar a formar parte de esos exclusivos círculos, una aceptación que reciprocó procurando no publicar nunca una foto desfavorecedora: “La gente siempre me pregunta ‘¿Por qué está todo el mundo tan contento en tus fotos?’ Y yo respondo, porque les gusto” comentó sobre su relación con sus retratados. Sin embargo esta cercanía no significaba que estuviese deslumbrado por el mundo de luces que había convertido en su objeto narrativo.

Aaron was able to put Hollywood’s most important faces in front of his lens, as well as the American social elite and European aristocracy, thanks to his ability to become another one of them. His photography and his gift of the gab, as opposed to his wealth and ancestry, let him become part of those exclusive circles, resulting in an acceptance that he returned by making sure not to publish any images that could have resulted in negative consequences. As Aaron mentioned about his relationship with his subjects: “people always used to ask me ‘why is everybody so happy in your photos?’ and I said, ‘because they like me’”. But this closeness didn’t mean that he was blinded by the world of lights that turned into his narrative subject.

 

Laura Hawk, su asistenta desde 1980 hasta su muerte en 2006, ha relatado que nunca tuvo deseos de quedarse a hacer vida social con sus sujetos una vez hubiese concluido la jornada de trabajo, ni esperaba nunca invitaciones a sus yates o clubes. Simplemente quería cumplir con su planificación y volver rápido a su casa de campo en Bedford. Para Slim Aaron siempre se trató de un trabajo, uno que disfrutaba claro, y uno que definió como ‘Fotografiar a personas atractivas, haciendo cosas atractivas, en lugares atractivos’.

His assistant, Laura Hawk, from 1980 up to when he passed away in 2006, described that he never had a desire to stay and socialise with his subjects once he had finished a day’s work, nor did he ever hope for invitations to their yachts or clubs. He simply wanted to carry out the work and get back home quickly to his country house in Bedford. This was always about a job for Slim Aaron, and naturally one he used to enjoy, which he defined as ‘photographing attractive people, doing attractive things in attractive places’.

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